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«Recordad
que el objeto de la educación es formar seres aptos para gobernarse a sí
mismo, y no para ser gobernados por los demás.»
SPENCER
La
Escuela al Campo
Por María Argelia Vizcaíno
V.-
Conclusión
El experimento de «La Escuela al Campo» al parecer no rindieron los frutos económicos
que el gobierno deseaba, por el contrario, disminuyó la producción y
las técnicas de cultivos fueron seriamente dañadas, pero esto bien
poco importó a los comunistas, ellos había logrado el principal propósito:
alejar a los adolescentes de la influencia de los padres, subyugarlos a
su voluntad y lavarles el cerebro.
Por
eso, en la década de 1970, comenzaron el proyecto más acariciado:
tener todas las escuelas en el campo. Sin dejar de llevar «la escuela al
campo», comenzaron a fabricar «las escuelas en el campo», y
valga la redundancia. O sea, que los estudiantes vivirían en el colegio
todo el curso escolar, los padres no irían de visita semanalmente a
supervisar cualquier irregularidad, sino que los muchachos son los que
salen de pase el sábado y regresan los domingos. Después, no les quedó
más remedio que permitir que algunos de los padres fueran los miércoles
una hora en la noche. Los hijos al recibirlos, sin ni siquiera
saludarlos y saber cómo estaban, todos les hacían la misma pregunta:
¿qué trajiste de comida?.
Las
«escuelas en el campo» no
tienen mucha diferencia con las que ya les hemos relatado, a no ser en
las condiciones de la edificación, un poco más agradable a la vista,
con aulas para las clases, electricidad, campos deportivos, pero la
falta de higiene y la mala alimentación son basadas en el mismo patrón,
casi siempre faltaba el agua o si no los ingredientes para limpiar. Además
de los «mira huecos» o «rescabuchadores», que se hicieron más
populares en estas escuelas en el campo que tenían albergues mixtos.
Siempre
he sentido pena por la juventud y la niñez de Cuba comunista, los que más
sufren la ineptitud del sistema y su constante represión, a la edad que
en la mayoría de los países libres están llenos de ilusiones y sueños,
cuando se comienza a labrar el futuro y disfrutar de la independencia
que ofrece el capitalismo, —aunque algunos no la sepan interpretar
correctamente.
Me
duele que todavía en mi país se abuse de esta forma de los niños y jóvenes
para colmo, la prensa controlada castrista tuvo el cinismo de publicar
que en el curso escolar de 1996-97, 700,000 niños de primaria irían a
la escuela en el campo para cumplir con las labores de la limpia y
siembra de la caña de azúcar, que son niños menores de 12 años. Cada
día recrudecen las metas y bajan más la edad para mandarlos a trabajar,
ya hasta los niños de primaria son expuestos a trabajos tan abusivos, y
ninguna organización mundial de las que se dedican a vigilar la
explotación de la niñez ha acusado tan denigrante sistema en Cuba.
A
algunos niños y jóvenes que los padres pudieron sacar al exterior a
tiempo, librándolos de semejante atropello, los he escuchado muchas
veces quejarse de lo que sufrieron en el exilio, acusando a sus
progenitores por ésto sin embargo, debían estar eternamente
agradecidos de haberlos librado de este horror, y de muchos otros que
allí han padecido sus compatriotas.
La escuela ‘al’ campo y ‘en el’ campo
nos prueba una vez más, que los comunistas son unos mentirosos
consuetudinarios, que las maravillas de la educación es un mito, y el
cacareado estudio gratuito ha sido un cuento más de los que ellos
acostumbran a hacer, porque se lo sacan al estudiante con creces.
Me
contó Ana María Mirabales que en la década de 1980, en el interior de
la isla en los pueblos pequeños como el de ella (Guayos, Las Villas)
se quitó los preuniversitarios y el que quería estudiar una
carrera universitaria, tenía que ir obligatoriamente a la ‘escuela en
el campo’. No bastándole ésto, después de graduarse de la
universidad trabajosamente o de un curso técnico, los hacen cumplir dos
años de servicio social en el campo (siempre el campo) lo que se llama
el pos-graduado que a veces es más tiempo, para ganarte más adelante
un puesto de trabajo donde lo dispusiera el gobierno. Muchas veces el
empleo único que consiguen no tiene nada que ver con lo que estudiaron,
mucho menos independizarse y tener esperanza de poner un negocio propio,
pues el dueño de todo es el Partido Unico y su guía.
Ya
a finales de la década de 1980 a los estudiantes de los
preuniversitarios los separaban o expulsaban si no participaban del plan
La escuela al Campo. Para
estos casos aplican la resolución 715, que bien claro obliga a los que
no laboran gratuitamente en el campo no pueden seguir estudiando, por
eso se ha repetido hasta el cansancio La
Universidad es para los revolucionarios.
Si
a los niños y jóvenes de la Cuba Castrista se le hubiera dado la opción
de escoger, nunca estuvieran pagando por sus estudios con el agobiante
trabajo en la agricultura y reclamarían una enseñanza verdaderamente
gratuita como se instituyó en la era de Cuba republicana antes de 1959.
Leer lo que quieran, escribir lo que les inspire, creer lo que sientan,
hablar sin miedo, pensar e ir a donde les plazca, soñar con un futuro
mejor, tener ilusiones propias de la edad, todo esto está vetado desde
que Castro llegó al poder por eso, es que pierden la dignidad, porque
se les humilla obligándolos bajo la voluntad de lo único que autoriza
el poder totalitarista. Con este sistema los padres pierden su Patria
Potestad, pues no pueden decidir qué es lo mejor para sus hijos, ni
prohibir siquiera que los abusen física y sicológicamente. Véase
específicamente los artículos 35 y 38 de la Constitución socialista,
en sus capítulos IV "Familia" y V "Educación y Cultura"
y en el 39 incisos a y c. Se pueden revisar además los estatutos de la
Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) y las disposiciones del Código
Penal y Código de la Niñez y la Juventud, por si fuera poco se viola
de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la que Cuba es
firmante, especialmente el artículo 26 inciso 2.
Concluyendo.
Mi amigo Tony, terminó el primer año increíblemente con «ladillas»,
mi cuñada Teresa regresó picada de chinchas, y yo además de amebas en
los intestinos, tuve hongos en los oídos y se me reventó la cabeza por
el polvo de DDT que me pusieron para combatir la epidemia de piojos que
se desató, algo inadmisible para mi madre, que siendo campesina por
naturaleza nunca los conoció antes de que Castro tomara el poder, además,
de que jamás trabajó la tierra, porque eran labores para los hombres
solamente. Esto también prueba dos cosas más, primero, que las mujeres
no eran tan avasalladas por los capitalistas como nos decían en las
escuelas castristas y como son humilladas bajo su yugo, y segundo, que
en salud pública ellos también les han tomado el pelo a los ingenuos o
a los desconocedores de la verdad.
Desde
antes de Fidel, el estudio fue gratuito en toda Cuba, hasta en los últimos
rincones del campo, como donde vivía mi madre, —aunque tenía que
caminar 4 Km— allí le regalaban la merienda. Nunca le exigieron, ni
siquiera le pidieron, que limpiara la escuela, mucho menos que hiciera
trabajos agrícolas. Esto lo repito para aquellos que como yo, tuvieron
la desgracia de ser educados bajo los dogmas marxistas, que la verdadera
historia se cambió a su conveniencia, y no han tenido la oportunidad de
enfrentarse con la realidad.
Siento
mucho que todavía no existan libros que hablen de estos lamentables
hechos. Es algo ilógico que a través de tantos años se vea todo esto
como algo natural y hasta maravilloso, cuando ha sido apabullante,
desquiciante y brutal.
Con
las ‘escuelas en el campo y al
campo’ pasa lo mismo que con el Servicio Militar Obligatorio, se
pueden llenar largos tomos de historias increíbles, de niños que
perecieron por negligencias, por falta de atención médica, por los
abusos y los excesos cometidos. Algún día tienen que ser registrados
por la historia. No pueden quedar en el silencio eterno.-
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