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Libre, July 30, 2000
español
The Importance of the
Second Amendment
by Jacob G. Hornberger
We should not let the
hoopla associated with the Million Mom March cause us to lose sight of
the real purpose and meaning behind the Second Amendment: the ability to
protect ourselves from the tyranny of our own government.
Virtually all the
arguments in the gun-control debate have revolved around gun violence in
American society. The proponents of registration, licensing, waiting
periods, gun buy-backs, and even gun confiscation aim to rid our society
of gun-related deaths.
But as their opponents
have so ably pointed out, the means that the advocates of gun control
are advocating are not likely to achieve their ends. People who violate
laws against violence are not likely to feel constrained by gun-control
laws. And people who do obey the gun-control laws are going to be less
able to defend themselves against those who don't obey the laws.
Moreover, there is no
reason to believe that a war on guns will rid American society of guns
any more than that war on drugs has eradicated drugs from our society.
Those who wish to purchase illegal guns will be able to do so on the
black market as easily as they purchase drugs on the black market.
Thus, the ultimate
consequence of gun control would be a society in which violent
antisocial people are armed while peaceful, law-abiding people are
disarmed. Of course, that's a prescription for disaster for those who
are disarmed.
But despite its obvious
importance, being able to protect oneself from murderers, thieves,
robbers, burglars, and the like is not why the people of the United
States enacted the Second Amendment to the Constitution in 1791. The
true purpose of the amendment - one that modern-day Americans forget at
their peril - was to protect us not from private thugs but rather from
government ones.
Don't forget that
revolutions are, by their very nature, wars against one's own
government. Keep in mind that when George Washington and Thomas
Jefferson revolted against England in 1776, they were British, not
American, citizens. At various times throughout history, people have
taken up arms against their own government because of what they
considered to be nasty and brutal acts that their own officials had
committed against them.
Historically, the
biggest threat to the freedom and well-being of a people has lain not
with some foreign government but rather with one's own government. And
as Thomas Jefferson pointed out in the Declaration of Independence, if a
government "crosses the line" by engaging in overly tyrannical
conduct against its own citizens, it is the right of the people to meet
force with force, even to the point of violent revolution.
Resistance to tyranny
and violent revolution, however, require an essential ingredient -
weapons. In the absence of weapons, there is only one course of action
in the face of government brutality - obedience. A disarmed society is
an obedient society, a society in which, at the extreme, people obey
their own government's orders to follow the line into the gas chambers.
This point was recently
reflected by what Fidel Castro said about the U.S. government's raid on
the home of the Miami relatives of Elian Gonzalez. He commented that his
forces would not need to be armed to conduct a similar raid in Cuba
because Cuban citizens are not permitted to own guns. What he failed to
say, of course, is that because of gun control, the Cuban people also
lack the means to overthrow the gun-toting communist thugs who rule over
them.
"But in America,
our leaders are democratically elected. We are the government. There's
nothing to fear here." But given the proper circumstances, a
democratically elected government can be even more tyrannical than a
totalitarian one. Remember: the very purpose of the Constitution and the
Bill of Rights is to protect us from our own democratically elected
government officials!
When citizens are
well-armed, government officials must think twice before going too far
down the road to tyranny against the citizenry. Thus, the right to bear
arms protected by the Second Amendment is the best insurance policy that
the American people could have against tyranny.
Mr. Hornberger is
president of The Future of Freedom Foundation in Fairfax, Va. (www.fff.org)
and co-editor of The Tyranny of Gun Control.
Libre, julio 30, 2000
La Importancia de la
Segunda Enmienda
by Jacob G. Hornberger
La
conmoción en torno a la Marcha del Millón de Madres no debe distraemos
del verdadero propósito de la Segunda Enmienda a la Constitución, que
es para protegemos de la tiranía de nuestros propios gobernantes.
Casi
todas las discusiones con respecto a las armas de fuego tienen que ver
con la violencia relacionada con las armas en la sociedad. La matrícula
de las armas; las licencias para poder poseerlas; los plazos de espera
para poder adquirirlas; los programas municipales para comprar las armas
de los ciudadanos a fin de sacarlas de circulación; y hasta la
confiscación - todas estas ideas se proponen con el objetivo de
eliminar las muertes relacionadas con las armas de fuego.
Sin
embargo, como bien observan los que se oponen a estos proyectos, los
medios que proponen los que preconizan el control de las armas, no
bastan para alcanzar sus fines. El que estuviera dispuesto a quebrantar
las leyes promulgadas para prohibir los actos de violencia, apenas se
sentiría coartado por las leyes promulgadas para controlar las armas.
Por otra parte, el que sí respetara las leyes para controlar las armas,
quedaría más indefenso contra el que no las respetara.
Además,
no hay razón alguna para creer que la guerra contra las armas pudiera
librar a la sociedad estadounidense de las armas, más que lo que la
guerra contra la droga haya logrado eliminarla de nuestro país. Todo el
que quisiera comprar armas ilegalmente en el mercado negro, podría
hacerlo con la misma facilidad con que actualmente puede comprar drogas.
Por
lo tanto, el control de las armas acabaría por crear una sociedad en la
cual los elementos antisociales y violentos seguirían armados, mientras
que la gente pacífica y cumplidora de ley y el orden quedaría
desarmada. Desde luego, ello constituiría una fórmula desastrosa para
el que quedara desarmado.
Sin
embargo, pese a su evidente importancia, la capacidad de defenderse de
los asesinos, de los ladrones y de toda clase de maleantes, no es la razón
principal por la cual el pueblo estadounidense promulgó la Segunda
Enmienda de la Constitución en el 1791. El propósito real de la
enmienda - y el que los norteamericanos de nuestra época actual corren
un gran riesgo al olvidar - es para protegemos, no de los maleantes
particulares, sino de los estatales.
Hay
que recordar que las revoluciones fundamentalmente son guerras contra
el gobierno propio. Téngase en cuenta que cuando Jorge Washington y Tomás
Jefferson se rebelaron contra Inglaterra en el 1776, ellos eran
ciudadanos británicos y no estadounidenses. Cuando Miguel Hidalgo e
Ignacio Allende se sublevaron contra España en el 1810, ellos eran
ciudadanos de España y no de México. En diversas ocasiones en la
historia, los pueblos han tomado las armas en contra de sus propios
Estados por motivo de lo que ellos vieron como actos infames de
brutalidad contra ellos por parte de los funcionarios estatales.
Históricamente,
la mayor amenaza a la libertad y al bienestar de los pueblos no lo han
sido los Estados Extranjeros, sin el Estado propio. Tal y como ya observó
Tomás Jefferson en la Declaración de la Independencia, si un Estados
se excede en maltratar a sus propios ciudadanos, el pueblo tiene el
derecho de resistir la fuerza con la fuerza, aun al grado de acudir a la
revolución violenta.
Sin
embargo, tanto la resistencia a la tiranía como la revolución violenta
precisan de un ingrediente esencial - de las armas. Sin ellas, la única
respuesta factible a la brutalidad estatal es obedecer. Una sociedad
desarmada es una sociedad obediente, sociedad en la cual, en los casos
extremos, la gente cumple las órdenes de su propio gobierno de ponerse
en cola para entrar en las cámaras de gas.
Este
punto lo reflejan los comentarios de Fidel Castro acerca de la redada
del gobierno federal estadounidense en el hogar de los familiares del niño
Elián González en Miami. Castro hizo la observación, que sus agentes
no habrían tenido que portar armas para poder realizar una redada
semejante en Cuba, porque a los cubanos no se les permite poseer armas
de fuego. Lo que no dijo Castro, por supuesto, es que gracias al control
de las armas, el pueblo de Cuba además carece de los medios para
derrocar a los esbirros, armados y comunistas que imperan sobre ellos.
“Pero
aquí en Estados Unidos, nuestros dirigentes son elegidos democráticamente.
Nosotros somos el gobierno. No hay nada que temer”. Sin embargo, dadas
las circunstancias propicias, un gobierno democrático puede volverse más
tiránico aun que otro totalitario. Que no se nos olvide: el propósito
mismo de la Constitución y de la Carta de Derechos, ¡es para
protegernos de nuestros propios funcionarios elegidos por medios democráticos!
Cuando
el ciudadano está bien armado, los funcionarios estatales tienen que
recapacitar antes de caminar mucho por la vía de la tiranía sobre el
pueblo. Por lo tanto el derecho de llevar las armas, que la Segunda
Enmienda protege, es la mejor póliza de seguro que el pueblo
norteamericano pudiera tener contra la tiranía.
Jacob
G. Hornberger es presidente de The Future of Freedom Foundation en
Fairfax, estado de Virginia (www.fff.org)
y corredactor de la obra, The Tyranny of Gun Control (en español: La
Tiranía del Control de las Armas).
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