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marzo, 2001

Política ambiental cubana: más argumentos para sentir vergüenza en el Día Mundial del Medio Ambiente.

Primera parte ; Segunda parte

Como es costumbre, el Granma, periódico oficial del Partido Comunista Cubano, anuncia con sarcasmo el regocijo de su clase dirigente ante cada nuevo triunfo de la mentira organizada sobre las evidencias que ellos mismos han clasificado. En este caso, la Dra. Rosa Elena Simeón se felicita por haber obtenido del PNUMA (Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente) la confirmación de que el próximo Día Mundial del Medio Ambiente (5 de junio de 2001) va a ser celebrado en Cuba (Schlachter, 2000), "en reconocimiento al trabajo desplegado por Cuba en defensa del entorno". Así las cosas, a los diferentes ejemplos que ya he publicado con relación a este tema tan claro como escabroso (Wotzkow, 1998a, 1998b, 1998c, 1999, 2000a, 2000b, y Cepero y Wotzkow 2000), adjuntemos hoy estos datos para que se hagan sentir en ocasión de semejante celebración en un país que no tiene nada que glorificar en dicho frente.

El reverso de la moneda.

La otra perspectiva nos confirma sin tartamudeo que los cambios ambientales en Cuba han sido dramáticos. En contraste al caos de calor y tormentas, y la contaminación del aire que impera hoy en el archipiélago, Cuba poseía bosques y sabanas que durante 15`000 a 20`000 años le otorgaron dos estaciones climáticas bien definidas para el invierno (seca) y el verano (lluvia). Las plantas y los animales que hoy existen, demuestran que nuestra flora y fauna se repartió el territorio húmedo de la montaña y el seco de la sabana, por espacio de 13`000 primaveras y que durante ese tiempo, en el que no molestaron los bípedos (me refiero a los hombres claro está), sus comunidades pudieron evolucionar gradualmente hasta alcanzar su composición actual (Olson, 1982).

Estos patrones ambientales han cambiado bruscamente en Cuba, y no tanto ya por la presencia humana en sí, como por su actividad agrícola, el balance demográfico impuesto a su población, y el uso insostenible e irracional de todos sus recursos naturales, muy limitados en cualquier isla o archipiélago del planeta. A los patrones ambientales que fueron modificando nuestros ecosistemas (terremotos, fuegos, huracanes, etc.) se suman hace unos 500 años otros que permiten cambiar definitivamente el equilibrio existente a la llegada de Colón. Desde entonces, los exuberantes bosques que cubrían una buena parte de nuestro archipiélago con más de 3`000 plantas autóctonas, comenzaron a desaparecer.

La tala excesiva empieza por modificar irreparablemente la composición natural de nuestros bosques, al tiempo que la agricultura y la introducción de numerosas plantas exóticas provenientes de otros países tropicales fragmentan las asociaciones botánicas originales hasta convertir a Cuba en un mosaico interrumpido (cual si fuese un tablero de ajedrez) de parches boscosos, remanentes empobrecidos de ellos y cultivos heliófilos. Estos procesos iniciados por el hombre desde la colonización adquieren su máxima expresión al triunfo de la revolución, donde el desarrollismo y el voluntarismo de una ideología se impuso como norma a fin de transformar una economía agrícola de monocultivo en otra de monocultivos sucesivos en virtud de sus fracasos y caprichos del estado.

Para explicarlo de otra forma, sea suficiente con ilustrar este proceso degradante de la siguiente manera: los 5`000 tractores que durante el período republicano roturaron la tierra hasta 1958 para plantar en ella fundamentalmente caña de azúcar, tabaco y hortalizas, fueron sustituidos de la noche a la mañana por 68`000 tractores traídos desde la Unión Soviética. Estos, fueron utilizados para cafetalizar (Cordón de la Habana y sustitución masiva de Café Caturra en todas las montañas productivas por aquel entonces) a Cuba en los años 60; o para azucararla (Zafra de los 10 Millones) en los años 70; o para citrificarla (recuérdese la toronja como paisaje cubano en todo el occidente e Isla de Pinos) en los 80; o para tabacalizarla (desde que Tabacalera de España hace su entrada en Cuba en 1989) a partir de los 90 (Wotzkow 1999), según triunfaran las ideas del momento frente al interés personal del Líder Máximo.

Aquellos magníficos bosques que aún existían en Cuba entre los 150 y los 600 m de altitud (ya fuera en occidente, en el centro, o el oriente del país) en sierras como Rosario, Escambray, Maestra, y Sagua-Baracoa, con árboles de hasta 35 m de alto y casi 3 m de diámetro, comienzan a desaparecer durante esa cafetalización de los años 60, pero quedan prácticamente extintos desde la imposición del "Plan Turquino", la agricultura migratoria implantada por este programa patrocinado por Raúl Castro, y la aparición de "licencias ambientales" amparadas por la nueva Ley (Ley 81) del Medio Ambiente que permiten desde entonces la tabacalización de la agricultura cubana y el "cultivo" y la "cosecha" de hoteles en los últimos rincones vírgenes del país.

Zonas de vida

Los biólogos dividen a Cuba en zonas o regiones caracterizadas por la presencia de ciertos animales y plantas. Estas "zonas de vida" van desde las sabanas utilizadas en la actualidad para los cultivos, hasta los bosques lluviosos de alta montaña. Sin embargo, en la situación actual en la que se encuentra todo nuestro archipiélago, hay que dejar en claro un desafortunado balance. Los bosques naturales o secundarios (concentrados en las regiones montañosas y en algunos cayos aún no explotados con intensidad) ocupan hoy día no más de un 9 % del territorio nacional, mientras que los bosques altamente degradados y con una alteración biológica alterada como consecuencia directa de la mutación botánica, ocupan, junto a las áreas cultivables desatendidas (hoy abandonadas por la extrema salinización del suelo), el resto de ese 21,4 % de reforestación anunciado por el Granma (Schalchter, 2000).

Aún cuando Cuba contaba en 1958 con un 43 % de bosques naturales y áreas inmensas prácticamente inexploradas, en 1998, o sea, 30 años después, la isla ha quedado literalmente desmontada en su totalidad para llevar a cabo los propósitos agrícolas antes mencionados. A pesar de que se calcula que aún existe un 9 % de bosques naturales, la realidad es que de ellos sólo la mitad (y soy conservador al manejar el dato) puede considerarse inalterados en su composición biológica original. Con semejantes cambios medioambientales en la flora cubana, cientos de especies animales han disminuido drásticamente el número de sus poblaciones o han desaparecido. Sin embargo, y a pesar de encontrarse Cuba en la ruina total de sus ecosistemas naturales, el gobierno actual no lo considera todavía un caos, ya que son pocas las especies de animales y plantas que han desaparecido completamente.

Todos sabemos cuan peligroso es considerar el éxito estatal cubano pensando de esa manera. Se sabe que cientos de especies (principalmente musgos e invertebrados) pueden haber resultado extintos en Cayo Coco (sólo por citar un ejemplo entre los miles de cayos alterados hoy día) sin que los naturalistas hayan tenido el tiempo de tan siquiera descubrirlos y describirlos. Pero también es conocido que dos especies "redescubiertas" por científicos nacionales y extranjeros han desaparecido de nuestra historia por el mal manejo de sus hábitats (ver Tercera parte). Por tanto, de nada vale hablar de pocas extinciones si el número de especies en peligro y amenazadas a aumentado en más de un 25 % con relación a la lista roja de especies amenazadas publicada en 1973.

Sin lugar a dudas la extrema fragmentación de hábitats pone a muchas especies al borde de la extinción, pues las que quedan padecen un elevado riesgo de desaparición local. Son innumerables los casos de especies que en Cuba sólo sobreviven en hábitats relictus (microhábitats aislados) asediados por la presión antrópica y extremadamente vulnerables al fuego, la tala, o simplemente a la incursión humana. Estas especies incluyen todas las clases animales y vegetales posibles y van desde los mamíferos más amenazados como el Almiquí (Solenodon cubanus) y el Manatí (Trichechus manatus), hasta aves como la Fermina (Ferminia cerverai) y el Gavilán Colilargo (Accipiter gundlachi), reptiles como el Carey (Eretmochelys imbricata), insectos como la Mariposa de alas transparentes (Greta cubana) y el Papilio de Gundlach (Parides gundlachianus), o árboles como la Acacia (Acacia belairoides) y la Magnolia (Magnolia cubensis) que son endémicos, sumamente escasos y están necesitados de protección absoluta (León y Alain 1946-1957, y Bisse, 1981).

Pero ¡cuidado!, que estas especies o sus poblaciones no sólo están al borde de la extinción porque sus hábitats sean reducidos o sufran la imposibilidad de intercambiar genes con los de otras poblaciones vecinas, sino porque ellas son aún más susceptibles ante cualquier alteración natural y humana tales como los huracanes, las enfermedades, el vandalismo, o incluso la tala selectiva. El efecto natural que producía un huracán al azotar un bosque natural cubano (apertura del dosel boscoso) y que favorecía la sucesión de desarrollo en otras plantas, representa hoy día un grave peligro para la supervivencia de cualquiera de estas especies. Desde que nuestros bosques han sido reducidos a su mínima expresión, el derribo de un árbol emergente puede representar un daño incalculable a la nidificación de una especie de ave, o a la supervivencia de comunidades enteras de microorganismos asociados a este.

Por ejemplo, el Gavilán Colilargo fue una especie históricamente distribuida por toda la isla sin que huracanes o fuegos naturales pudieran poner en peligro su existencia. Por el contrario, estos fenómenos favorecían nuevas áreas abiertas donde la rapaz podía cazar con facilidad otras aves y alimentarse. Pero ahora, cuando este depredador se encuentra limitado a pequeñas áreas boscosas en la Ciénaga de Zapata, el Escambray, o algunos cañones de Sagua-Baracoa y la Sierra Maestra, el impacto de un huracán, o la aparición de un incendio representa un riesgo mucho mayor y más serio por no tener otro refugio forestal hacia el cual huir.

A pesar que la tala y el desmonte de algunas áreas boscosas tuvo lugar principalmente durante el inicio del siglo XIX, el ser humano tuvo un efecto pequeño si lo comparamos a la actividad desempeñada por este durante el período revolucionario. Aquella actividad eliminó ciertamente el crecimiento del bosque en las tierras más fértiles y accesibles del país, pero dejó intactos muchos remanentes boscosos en cuanta ladera resultó un poco inclinada para la agricultura (la Sierra Maestra es el mejor ejemplo), en aquellas montañas donde el substrato rocoso no le permitía cultivar (Sierra de los Órganos), o en aquellos terrenos pantanosos cuyo acceso y preparación encarecía demasiado el esfuerzo (Ciénaga de Zapata y Lanier).

Es por eso que se puede afirmar que aún cuando los mejores bosques y los árboles más desarrollados desaparecieron durante la colonización, o que cuando los bosques que quedaron del período republicano ya resultaron muy diferentes a aquellos habitados por nuestros aborígenes, muchos árboles importantes en especie y en número sobrevivieron la primera mitad del siglo XX. Hoy sin embargo, son raros los especímenes que superen los 30 cm de diámetro en el tronco y aquellos que lo sobrepasan, no tienen valor económico dada la pobre calidad de su madera. Incluso, en una de nuestras reservas naturales "más protegidas" por el gobierno actual, la tala de un cedro (Cedrela odorata) centenario fue llevada a cabo en las cercanías de la Melba (al sur de Moa) para dar forma a una mesa para Raúl Castro, por lo que la tala selectiva dentro de dichas áreas "santuarios" continúa alterando la estructura botánica según sean los intereses privados de la clase dirigente.

Que conste, que nadie olvida a los Babún y otras familias madereras de Oriente que se tragaban las más valiosas maderas de la Sierra Maestra y de Sagua-Baracoa en sus aserríos. De hecho, hay que reconocerlo, parece que en todas las épocas siempre hubo quien trató mal a nuestros bosques. Hay evidencias por ejemplo, de que la Santísima Trinidad, el barco de guerra más poderoso de su tiempo, y otros buques de la famosa "Armada Invencible" de Felipe II, fueron construidos en gran parte con las maderas duras de los bosques de San Antonio de los Baños y otros lugares cercanos a La Habana (Manolo García-Caneiro, comun. pers.). Para comprobarlo, nosotros, acompañados de un botánico, recorrimos minuciosamente los bosques del Río Ariguanabo y encontramos cubiertos por la hojarazca enormes tocones de Cuaba de Ingenio (Hypelate trifoliata) y otras maderas duras que pueden permanecer siglos enterradas sin podrirse.

Pero con el fin de la Unión Soviética al ocaso del siglo XX, Cuba deja a un lado la economía agrícola y se lanza desesperada a buscar recursos en la aventura del turismo. Es en este período en el que tiene lugar la tabacalización del país y en el cual muchas cooperativas agrícolas comienzan a quedar abandonadas a medida que la población campesina migra de manera incontrolable en busca de alimentos y productos de primera necesidad sólo distribuidos en las ciudades. Entonces, lejos de reforestar esas tierras abandonadas, el gobierno promueve su venta para el cultivo del tabaco. Se trata de lotes empobrecidos por la salinidad, pero que permite el cultivo de esa planta poco exigente. La suma total de esta agricultura alcanza hoy cerca del 20 % del territorio nacional gracias a las áreas boscosas transformadas en el país bajo diferentes permisos, o "licencias ambientales" (premiadas ahora por Klaus Topfer), y en las que se producen tabacos denominados de "Vueltabajo" cosechados en medio de la provincia de Camagüey.

Por ello, es que creemos que el PNUMA, además de los cubanos, debieran sentir vergüenza. Porque la cobertura boscosa nacional que clama ser de un 21,4 % queda apenas como un dato más en los anales históricos de la falacia revolucionaria. Desde 1961 a 1964, el gobierno de Fidel Castro cubrió algunas hectáreas del país con árboles no indígenas. La Casuarina (Casuarina equisetifolia) y el Eucaliptus (Eucaliptus sp.) oriundos de Australia resultaron sus mejores "logros", junto a otras especies como la Teca (Tectona grandis) del Asia tropical y el Flamboyán Azul (¡nada más y nada menos que un Jaracanda del Brasil!) que no se quedaron atrás en aquella campaña de exotización forestal dirigida por el entonces llamado "arquitecto de la revolución", el compañero Tonino Quintana, y la ilustre Celia Sánchez Manduley (Wotzkow 1998b).

Carlos Wotzkow

Bienne, Diciembre 2000

(1981): Árboles de Cuba. Editorial Científico Técnica. La Habana, Cuba 384 pp.

León Hrno y Hrno Alain (1946-1957): Flora de Cuba I – IV Contribución ocasional del Museo de Historias Naturales de La Salle N° 8, 10, 13 y 16, La Habana, Cuba.

Olson, S. L. editor (1982): Fossil Vertebrates from the Bahamas. Smithsonian Contributions to Paleobiology 48. Washington DC.

Schlachter, Alexis (2000): Cuba: sede del Día Mundial del Medio Ambiente. Granma, 8 Septiembre 2000.

Wotzkow, C. (1998a): S.O.S. por la naturaleza cubana. Revista Encuentro de la Cultura Cubana. N° 8/9 pp. 16-23.

Wotzkow, C. (1998b): La flor de los cubanos. Revista Guaracabuya. Sociedad Económica Amigos del País. 2 pp.

Wotzkow, C (1998c): Natumaleza Cubana. Ediciones Universal, Miami, USA. 294 pp.

Wotzkow, C. (1999): Nueva Ley del Medio Ambiente, ecosistemas cubanos, e inversores extranjeros. Revista Guaracabuya. Sociedad económica Amigos del País. 21 de Agosto 1999. 4 pp.

Wotzkow, C. (2000a): El Bosque en Cuba: análisis de una noticia para tontos. Revista Guaracabuya. Sociedad Económica Amigos del País. 2 de Octubre 1999. 3 pp.

Wotzkow, C (2000b): Especies Amenazadas. El Nuevo Herald. Saturday Abril 22, Section Perspectiva Page 12 A.

Cepero, E. E. y C. Wotzkow (2000): A Castro le importa un pepino. AAMEC. Artículos. Pp 6-8.


Segunda parte

No quisiera entrar en materia sin antes mencionar cómo es que Cuba obtiene estas distinciones que la hacen lucir un país modelo, y en el caso que nos ocupa, dónde se halla la semilla podrida que la ha elegido para celebrar el Día Mundial del Medio Ambiente. Como bien se sabe, Alemania (la locomotora europea) juega hoy un papel repugnante a favor de Fidel Castro. Este consiste en condicionar ayuda a cambio de apertura, pero sin que ello tenga que ser llevado a la práctica. En otras palabras, de cara a la comunidad internacional, la Unión Europea exige cambios democráticos a Cuba antes de aceptar negociar con ella, mientras que en la realidad son los diputados de esa "unión" los que cambian su política según sean las ofertas inversionistas que el régimen les haga.

En el campo de la ecología ocurre lo mismo y en este caso particular, ha sido Klaus Topfer (Secretario General del PNUMA) el que ha estado dando galardones a diestra y siniestra a cuanto delegado del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente apareciera (Cubanet 1999), con tal de que Cuba cambiara la ley de 1981 y la ajustara a las necesidades de sus inversionistas antes de llevarse no sólo el dinero que ello implica, sino el añorado honor de poder "celebrar en un desierto el día internacional del agua".

Ecosistemas marinos

Para los que creen que la población cubana nada más puede nadar desde el diente de perro y comer merluza, he aquí otro reverso de la moneda. A diferencia del resto de las islas del Caribe, Cuba posee un escenario marino físico y biológico un tanto espectacular: una extensión de líneas costeras amplias, un gradiente permanente de temperaturas, aguas oligotróficas y considerables dimensiones en su plataforma insular. En ella, los arrecifes de coral son el soporte de la pesca en nuestro archipiélago a la vez que protegen la línea costera de la erosión de las olas, y alimentan la costa con playas de arena que es, en definitiva, el recurso costero más importante y apreciado por el turismo que visita el Caribe.

Los arrecifes de coral, que tienen generalmente muy poca biomasa (280g de carbono orgánico / metro2 / año) generan en nuestra plataforma 10 veces más carbono orgánico que su propio peso y permiten con ello una alta diversidad de especies de elevada importancia recreativa y comercial (Bohnsack, 1992). Estos arrecifes constituyen el hogar de la mayoría de los peces e invertebrados marinos que allí se observan. Chernas (Epinephelus gigas), Pargos (Lutjanus sinagris) y Roncos (Haemulon sciurus) son sus inquilinos habituales, pero donde las aguas son poco profundas y están cerca de la desembocadura de algunos ríos, abundan las Mojarras (Eucinostomus gula) y el Caballerote (Lutjanus griseus), que nada tienen que envidiar a esa merluza importada desde España y que sólo se vende bien allí donde la imposición de la alimentación favorece el beneficio continuo de los oportunistas.

La actividad humana, y en especial toda la actividad vinculada al turismo, representa uno de los peligros más conocidos para la supervivencia del arrecife de coral. La explotación de corales para la venta, y el arrastre de grandes redes sobre la plataforma submarina cubana han sido dos de las causas que han contribuido notablemente a la disminución y destrucción de nuestras mejores barreras (Wotzkow 1998). Pero a ello, hemos de sumar ahora el efecto negativo que los extermina en muchas regiones de nuestra plataforma dada la excesiva sedimentación que generan algunas prácticas agrícolas destructoras del suelo.

A pesar de que todos estos factores degradantes son bien conocidos, y mientras la gran mayoría de nuestros biólogos marinos se miran consternados ante los altos índices de bio-erosión submarina (más de 10 mm / año y durante largos períodos de tiempo), el gobierno de Cuba incrementa sin cesar la actividad náutica y hace caso omiso a la deforestación con fines de construcción hotelera. Ello, aumenta no sólo la destrucción física de los arrecifes de coral (por el continuo anclado que genera una mayor actividad náutica), sino que acelera su literal enterramiento por el lodo que antes era contenido por los manglares y ahora han sido talados para crear en esa costa una nueva playa.

Seguramente los fondos marinos cubiertos por el Seibadal (Thalassia testudinum) deben haber ofrecido los mayores índices de productividad a nuestra plataforma. En condiciones óptimas, estas plantas pueden exceder una producción superior a los 10`000 gramos de carbón orgánico / m2 / año, dependiendo de la calidad del agua, el tipo de substrato, y la geomorfología de la costa (Vicente, 1992). Cualquiera de las seis especies de Thalassias existentes en el Caribe es un magnífico proveedor de nutrientes, energía primaria y hábitats para infinidad de peces, pues crea áreas de forrajeo para muchas especies amenazadas (tales como el Manatí, o las tortugas marinas) y contribuye a preservar la diversidad biológica sobre nuestra plataforma.

Pero en algunas áreas bajas, algunas técnicas prohibidas de pesca han acarreado la desaparición, o el daño irreversible a grandes extensiones de esta planta acuática. El arrastre de redes efectuado por los barcos "Río" a final de la década de los 80 es un desastre que se dejará sentir más allá del fin de siglo. Al igual que la Thalassia, otro de los recursos más afectados en Cuba son los manglares, también llamados "bosques protectores", que cumplen la función vital de proteger el perfil costero de la erosión que le causaría el oleaje y las tormentas provenientes del mar. A pesar de conocerse que los manglares sirven de refugio a infinidad de peces (muchos de ellos especies comerciales), aves, e invertebrados, el desarrollo del turismo a cualquier precio ha reducido en casi un 50 % el número de hectáreas con que Cuba contaba hace apenas unos 25 años.

La desecación de las lagunas costeras, tan importantes para la alimentación de muchas aves migratorias, es otro ejemplo íntimamente asociado al manglar y de cómo el turismo destruye en Cuba cientos de hábitats que hasta ayer no parecían necesitados de protección. Pero la sinrazón y la ausencia total de interés por conocer el papel que juega cada ecosistema en el medio ha permitido la desaparición de estos apacibles refugios naturales, también utilizados por toda la comunidad de especies que nidifican en las áreas circundantes. De esta forma, miles de parejas de garzas (Egretta sp.), Pelícanos (Pelicanus occidentalis), Corúas (Phalacrocorax sp.), e incluso algunas aves canoras, han de buscar otro enclave para llevar a término su reproducción.

A todo este panorama de destrucción hay que agregar los problemas que padece la red hidrológica natural de Cuba, pues nuestros ríos, o lo que de ellos queda, son otro de los ecosistemas más afectados en el país. La contaminación de nuestras aguas, el relleno de cientos de lagunas naturales y la excesiva canalización o embalse de los ríos son problemas que están más asociados con la apatía gubernamental que con el supuesto incremento demográfico usualmente utilizado como excusa. La construcción generalizada de pozos, la excesiva explotación del manto freático, la intromisión en ellos del agua marina y la desecación de cuanto humedal natural existiera en la isla, son otros de esos motivos por los que la clase gobernante de nuestro país debiera sentir un poco de vergüenza.

Endemismo y especies amenazadas.

La introducción de todo tipo de peces exóticos ha determinado la extinción de una rica fauna de peces dulceaquícolas con la que sólo Cuba contaba en el Caribe. Y como si la desaparición de una sola especie no fuera ya suficiente, ningún canal, ninguna laguna, ninguna ciénaga o río quedó a salvo como ecosistema alternativo dada la intensa campaña de fumigación y uso de pesticidas que el gobierno cubano ha estado aplicando sobre nuestro territorio en los últimos 40 años de apatía medio ambiental. En resumen, pudiera decirse que todo río que antaño no sobrepasara el caudal de 0,5 m / s, hoy día no existe, o es apenas una zanja visitada por el agua en la época de la lluvia, o bajo los efectos ocasionales de un ciclón.

La introducción de moluscos acuáticos, tales como Physa spp. han afectado a otras especies nativas y se han convertido en hospederos intermediarios de enfermedades parasitarias muy agresivas y hostiles para la salud humana. Paralelo a esto, la Tilapia (Sarotherodon mossambicus), el Pez Sol (Lepomis macrochirus) y la Trucha (Melanopterus salmonoides) han eliminado de cualquier embalse cubano a la Biajaca (Cichlasoma tetracantha) y a decenas de especies de guajacones que se alimentaban de los mosquitos hematófagos que tanto daño han hecho a la población cubana. Cientos de Rana Toros (Rana catesbiana), aunque aceptados como fuentes de alimento desde 1936, son observadas en Cuba en cualquier ecosistema húmedo y los Cocodrilos Babilla (Cayman crocodylus), oriundos de Sudamérica, han eliminado prácticamente al cocodrilo endémico (Cocrodylus rombifer) en la Ciénaga de Lanier.

Desde que se creó la EMPROVA, allá a finales de los años 60, Celía Sánchez Manduley dedicó una buena parte de su tiempo a explotar y comercializar todo tipo de especie marina, pero además, de aves, reptiles, moluscos e insectos terrestres. Camiones enteros cargados con cotorras, cocodrilos pequeños y caracoles de los géneros Polymita, Viana, y Ligus llegaban desde Baracoa y desde Viñales recorriendo la isla entera, a los distintos centros denominados Faunicuba. Allí, estas especies eran procesadas, disecadas y posteriormente vendidas o regaladas (según fuera el caso) a los múltiples admiradores de la revolución cubana. A finales del 80 sin embargo, estos recursos comenzaron a desaparecer, pero ahí (con perdón del PNUMA), no terminó la explotación. Desde entonces, decenas de invertebrados como los Cobos (Strombus gigas) los Cangrejos de playa (Cardisoma guanhumi), las Langostas (Panulirus argus) y los corales han padecido la muerte en formaldehído por ese tipo de avaricia institucional.

Aparejado a esa explotación irracional de los recursos llegó a Cuba su contaminación. Desde los mismísimos inicios del comunismo, el deber de hermanos e hijos de la Madre Patria (que por esos años fue la Unión Soviética), nos obligó a tolerarlo todo. Si nos remontamos a principios de los años 80, cualquiera que haya navegado un poco alrededor de Cuba recordará que en noches de poca luna, miles de millones de pequeños Dinoflagelados (Gonyaulax spp.) emitían sus luces fosforescentes, sobre todo a las afueras de la Bahía de Cárdenas, lo que constituía un verdadero espectáculo de luces digno de volver a contemplar. Pues bien, después que esta bahía se convirtió por decreto estatal en un fregadero de los buques tanqueros rusos, y después que esas aguas cambiaron su color azul claro por el negro opaco del petróleo, estos microorganismos desaparecieron.

Con los peces la situación no ha dejado de empeorar. Ya lo anticipábamos cuando hablábamos de la introducción de especies exóticas que se alimentaban de nuestros endémicos en nuestros ríos o embalses. Pero un fenómeno invisible al ojo humano está ocurriendo en todos nuestros cauces y guarda estrecha relación con el abusivo estancamiento de sus aguas y la disminución que ello genera en su caudal original. En ríos como el Cauto, Río Canimar, e incluso el Almendares, abundaban antaño (esto quiere decir, hasta 1965 aproximadamente) numerosos invasores marinos periféricos. O sea, que no era raro observar en ellos pequeños tiburones (Carcharhinus sp.), obispos (Aetobatus narinari), o incluso barracudas juveniles (Shyraena barracuda) que incursionaban unos 8 a 20 kilómetros dentro del cause del río, según el caso, la marea, y la época del año. Esto, es absolutamente imposible de observar hoy, o resulta un evento verdaderamente raro que nos demuestra que la inmensa mayoría de nuestras cuencas hidrográficas están altamente contaminadas.

El otro ejemplo de la sinrazón es explicable a través de la captura de tortugas marinas. Cuba es conocida en el mundo entero como el único país que edita sellos alegóricos a la caza submarina de estos reptiles, y sigue siendo hoy un estado que explota, no ya las tortugas con las que cuenta, sino las que otros países crían, alimentan, protegen y tratan de incrementar. En este caso, les hablo de la captura indiscriminada que Cuba lleva a cabo (contra la convención internacional que protege estas especies) de todos los individuos que liberan en las islas Caimán para repoblar el Caribe (Wotzkow, 2000). El turismo, ha hecho además esta práctica un negocio imparable y no se descarta que en las próximas décadas se convierta, por abuso claro está, en una actividad impracticable.

La mayoría de los hábitats propicios para nuestros peces de agua dulce comienzan a perderse a partir de 1970. En ese año, la explotación del manto freático para utilizar el agua en regadíos dirigidos principalmente a la caña de azúcar deja prácticamente exhaustas las reservas subterráneas del país. Este problema se agrava en los años 90, cuando el turismo incrementa en más de un 50 % el número de habitantes en ciertas áreas en las que la demanda de agua no resulta acorde a su disponibilidad. El ejemplo es claro, pero si algún lector se queda un poco desjuiciado por mi enfoque, digamos entonces que lo que el gobierno intenta hacer en Cuba sólo puede compararse con la creación de cientos de parques acuáticos en el desierto del Sahara para divertir con ellos al 2 % de la capacidad hotelera construida.

Que un país con tan buenos recursos marinos se vea alimentando (por la fuerza) a su población con la merluza que se pesca en otros mares ya es bastante triste. Pero que los alemanes se crean todo lo que se les dice en Cuba, o que repitan como papagayos que lo destruido hasta la fecha ha sido el producto de nuestro pasado republicano y colonial no tiene perdón. Vergüenza sentirá el cubano del país que habita, y por si acaso aún lo ignora, vergüenza deberá sentir si lo compara al que habitó su padre. Una sola generación de humanos ha sido suficiente para empobrecer los recursos naturales de una isla que, apenas 40 años antes, se encontraba entre las más privilegiadas del planeta.

Carlos Wotzkow
Bienne, Enero 2001

Bibliografía

Bohnsack, J. A. (1992): Reef resource habitat protection: the forgotten factor. Marine Recreational Fisheries N° 14: 117- 129.

Cubanet (1999): Premio de Medio Ambiente para Cuba. Cubanet Internacional Noviembre 30, 1999.

Vicente, V. P. (1992): A summary of the ecological information on the seagrass beds of Puerto Rico. Pages 123-133 in E. Seliger editor. Coastal plant communities of Latinamerica. Academic Press, New York. USA.

Wotzkow, C (1998): Natumaleza Cubana. Ediciones Universal, Miami, USA. 294 pp.

Wotzkow, C (2000): Especies Amenazadas. El Nuevo Herald. Saturday Abril 22, Section Perspectiva Page 12 A.