Publicado el sábado, 30 de enero de
1999 en El Diario Las
Américas
Excelencias, ¡quiebren el embargo interno contra el pueblo
cubano!
Por Armando F. Valladares
A través de las generosas páginas del "Diario Las Américas"
pongo en conocimiento de mis compatriotas, y de todos los amantes de la libertad de Cuba,
la misiva que he enviado al Señor Presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano
(CELAM) y Arzobispo de Tegucigalpa, Honduras, Monseñor Oscar Andrés Rodríguez
Maradiaga, S.D.B.
Excelentísimo Señor Arzobispo:
A pocos días de la realización, en la isla cárcel de Cuba, de la 27a.
Reunión Interamericana de Obispos -en la cual participarán directivos del CELAM junto
con representantes de las Conferencias Episcopales católicas de los Estados Unidos y
Canadá- me dirijo a V.E. y, por vuestro alto intermedio, a los demás Sres. Cardenales,
Arzobispos y Obispos que participarán de tan importante evento, entre el 14 y el 16 de
febrero de 1999.
Lo hago en cuanto ex preso político cubano, que pasó veintidos años en
las mazmorras castristas; en cuanto desterrado de mi Patria, que desde hace cuatro
décadas se encuentra esclavizada por un régimen "intrínsecamente perverso";
pero, sobre todo, en cuanto hijo de la Santa Iglesia católica.
1. Según adelantó V.E., la reunión de La Habana será una ocasión para
recordar el primer aniversario de la visita del Santo Padre a Cuba; pero, añadió V.E.,
"sobre todo querríamos dar nuestra contribución a que Cuba se abra al mundo y el
mundo se abra a Cuba", de acuerdo con la consagrada fórmula papal ("30
Giorni", Nos. 6/7, 1998).
2. Pocos propósitos, Sr. Arzobispo, podrían ser más loables que el
deseo de contribuir a que nuestra querida Cuba pueda abrirse al mundo, o sea, que esté en
condiciones de acceder, lo antes posible, a la tan anhelada libertad. Contribución tanto
más urgente y necesaria cuanto que, a un año del viaje del augusto visitante, Cuba
continúa sitiada y asfixiada por el terrible embargo interno impuesto por el comunismo a
sangre y fuego, a través de la represión policial e ideológica y de una Constitución
que en su ignominioso art. 62 sólo concede remedos de "libertad", inclusive
religiosa, a quienes acepten un "modus vivendi" -más precisamente, un
"modus moriendi"- con el comunismo. "No veo ningún deseo, ninguna señal o
ningún gesto político mostrando que las autoridades cubanas estén dispuestas a dar un
paso serio para progresar. El hostigamiento contra los disidentes, los activistas de
derechos humanos o cualquier persona que trate de ejercitar los derechos más básicos de
asociación y expresión, continúa exactamente igual", acaba de afirmar el director
ejecutivo de Human Rights Watch en las Américas, José Miguel Vivanco.
3. Pocos propósitos, Sr. Arzobispo, podrían ser más loables que el
deseo de contribuir a que el mundo se abra a nuestra querida Cuba, o sea, a que las
naciones libres y sus dirigentes extiendan sus manos al abandonado pueblo cubano.
Contribución tanto más urgente y necesaria cuanto que, a un año del viaje del augusto
visitante, hemos presenciado una vergonzosa tergiversación de las palabras del Santo
Padre, a partir de la cual personalidades políticas, financieras y, oh dolor, hasta
eclesiásticas', han partido en peregrinación a La Habana para allí abrir sus brazos al
tirano, cerrándoselos de esa manera al esclavizado pueblo cubano. A tal punto que, con
palabras que caen como vergonzoso e indeleble estigma sobre quienes se han prestado a ese
juego, el dictador pudo jactarse: "Hoy tenemos más relaciones y apoyo internacional
que nunca, más amigos que nunca, y hasta dentro del propio Estados Unidos" (Granma
Diario, Internet, La Habana, 25 Nov. 1998).
4. Sr. Arzobispo, en julio de 1996, en trascendente mensaje de la
Fraternidad del Clero y Religiosos de Cuba en la Diáspora, luego de describir con trazos
certeros la persecución comuno-castrista a la Iglesia desde los primeros años de la
revolución, y los "mecanismos del miedo y el chantaje" contra el rebaño
indefenso, se constataba con sumo pesar que en Cuba "así como en el orden interno la
Iglesia estaba sola, también en el orden externo" lo estaba. Añade amargamente el
referido documento: "Eran los tiempos en que Fidel Castro era mirado en Europa y la
América Latina como el gran liberador". Y, por ello, "casi ninguna voz se
levantó en solidaridad" con los católicos de la isla. Soledad y abandono al cual
contribuyeron también, entre otras razones enumeradas por el documento, "las visitas
de algunos religiosos, sobre todo latinoamericanos", que "veían al socialismo
cubano como genuina alternativa" y que llegaban a vislumbrar en el nefasto régimen
nada menos que el "Reino de Dios encarnado"...
Sí, mientras en La Cabaña con mis compañeros de prisión oíamos a
diario los heroicos gritos de "Viva Cristo Rey' Abajo el comunismo'",
proclamados por jóvenes católicos poco antes de morir en el "paredón" como
auténticos mártires; mientras Obispos y sacerdotes eran aislados y expulsados; mientras
el régimen comunista comenzaba a aplicar a los fieles la siniestra estrategia de
"crear apóstatas y no mártires", confesada por el propio dictador Castro en
arenga en la Universidad de La Habana; mientras ciertos eclesiásticos de la isla
visitaban al "presidio político" no para susurrar palabras de esperanza y
coraje, sino de entrega y capitulación; mientras, en fin, el rebaño era diezmado, en el
continente americano -y no sólo en Cuba- Pastores de los que se tenía el derecho de
esperar que hablasen y denunciasen ese genocidio espiritual y físico, o hacían silencio
o tejían increíbles loas al supuesto "paraíso" cubano.
5. Sr. Arzobispo, difícilmente hubiera sido posible la prolongación,
durante tantas décadas, de la dictadura comunista en Cuba si no fuese ora por ese
silencio, ora por esa contemporización y hasta complacencia, de tantas figuras
eclesiásticas de las Américas; actitudes que, en líneas generales, han continuado desde
el comienzo de la revolución cubana hasta hoy.
6. Junto con los antecedentes históricos arriba expuestos, merece ser
citado, por su especial gravedad, el mensaje de felicitación por el 30o. aniversario de
la funesta revolución comunista enviado por el Sr. Cardenal Arns, entonces Arzobispo de
Säo Paulo, a su "queridísimo Fidel", elogiando a Cuba comunista como un
"ejemplo de justicia social", en cuyas supuestas "conquistas" se
descubrirían nada menos que "las señales del Reino de Dios"...
Es de mencionar, como un ejemplo más reciente, la sorprendente
afirmación del Sr. Cardenal Bernard Law, Arzobispo de Boston -formulada en La Habana en
diciembre pp. ante funcionarios del Partido Comunista, diplomáticos, religiosos y
religiosas- de que Cuba comunista "puede tener un papel relevante" en la
creación de un "orden económico" de "solidaridad humana", el cual
podría servir nada menos que "como un ejemplo positivo para todo el mundo"
(cfr. ACI Digital, Agencia Católica de Informaciones para América Latina, La Habana, 12
Dic. 1998). Como si un un cruel sistema comunista, eficaz únicamente para producir
miseria y opresión, que niega la propiedad privada y la libre iniciativa, y que en su Ley
de Inversión Extranjera consagra el trabajo semi esclavo, tuviese para aportar algún
"ejemplo positivo" de "solidaridad humana"' En marzo de 1998, en
declaraciones que causaron conmoción en los católicos cubanos de la isla y el destierro,
el mismo Sr. Cardenal Law había aseverado, contra todas las evidencias históricas, que
el sanguinario dictador ha sido "un promotor, no un obstáculo" de la libertad
religiosa en la isla.
Es de constatar, por fin, el silencio prácticamente generalizado de
Episcopados de países del continente que fueron asolados por las guerrillas --y, que nos
conste, el silencio del propio CELAM, Sr. Arzobispo-- cuando en julio de 1998 Castro
reconoció cínicamente, sin la menor señal de arrepentimiento, haber promovido la
subversión en América del Sur, América Central y el Caribe, después de haberlo negado
durante décadas. ¿No era esa, por ventura, una inmejorable ocasión pastoral para
reavivar en el rebaño la "memoria histórica" de los crímenes
castro-comunistas, alertar a las nuevas generaciones sobre el daño causado en el
continente por el "comunismo satánico" -según expresión del Beato Cardenal
Stepinac- y hacer un llamado a los respectivos gobiernos para que abriesen sus brazos al
pueblo cubano, y no a su tirano?
7. Los antecedentes que hemos citado, muchos de los cuales son de público
conocimiento pues han sido abordados en documentados artículos y libros de desterrados
cubanos, sin lugar a dudas configuran uno de los cuadros más graves de la Historia
contemporánea de la Iglesia en las Américas. No sólo por las trágicas consecuencias
pasadas, sino por las presentes, como lo es la continuidad de la dictadura castrista. Pero
sobre todo por las futuras, como lo sería la prolongación del régimen aún después de
la desaparición del dictador, a través de un castrismo sin Castro que, con apoyos
eclesiásticos, trataría de salvar del naufragio los supuestos "logros" del
régimen en torno de una "coincidencia" y "sintesis" comuno-católica,
como la contemplada en el documento final del Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC,
Nos. 60, 169 ss., 427 ss., 482, etc.).
8. Señor Arzobispo, una categórica palabra de condena al implacable
embargo interno contra el pueblo cubano -por parte de los ilustres participantes de la
27a. Reunión Interamericana de Obispos- sería una forma de reparar el grave daño
espiritual y moral al pueblo cubano -por palabras, acciones u omisiones- de tantos
eclesiásticos de la isla y las Américas; pero sobre todo podrá ser sin duda un paso
decisivo para la liberación de nuestro pueblo. También, cuánto cubriría de honra y
gloria a Vuestras Excelencias si, en la Reunión de La Habana, decidiesen aunar esfuerzos
para solicitar el inicio del tan anhelado -y tan pospuesto- proceso de beatificación de
aquellos mártires católicos cubanos que murieron gritando "Viva Cristo Rey'
Abajo el comunismo'"
En sentido diferente, la prolongación del silencio sobre el embargo
interno comunista contra el pueblo cubano, significará la continuación de la agonía de
nuestros hermanos de la isla. Es de temer, Señor Arzobispo, que cualquier palabra o gesto
de condescendencia de los ilustres participantes de la magna Reunión Interamericana de
Obispos en relación al tirano y a su nefasto régimen, contribuya a hacer pasar rumbo al
3er. milenio los virus del comunismo cubano. Virus hoy actuantes en la querida Colombia a
través de una cruel guerrilla que juega a la paz para desmovilizar a los ingenuos y más
eficazmente desarrollar la guerra revolucionaria. Virus hoy latentes en diversos países
de las Américas, a la espera de circunstancias propicias para volver a multiplicarse,
como lo acaban de hacer en el Congo -de acuerdo con reciente denuncia ratificada por la
agencia vaticana Fides- y en Angola.
9. El Premio Nobel de la Paz y ex presidente de Costa Rica, Oscar Arias,
acaba de declarar: "El daño que Castro le hizo a su pueblo en estos cuarenta años,
impedirá que este pueblo lo absuelva. Tampoco la Historia lo absolverá como no absolvió
a Hitler y Stalin". Señor Arzobispo, ¿qué podrá decir la Historia -y, sobre todo,
el Dios Todopoderoso- de aquellos que, teniendo una privilegiada posibilidad de salvar con
sólo hablar y denunciar, una vez más escogieron el silencio? Señor Arzobispo, una
categórica actitud vuestra contra el embargo interno en la isla cárcel, muy
difícilmente hará que el dictador renueve los públicos y recientes elogios por él
formulados hacia vuestra persona: "Hombre muy preocupado, lo sabemos, por las
cuestiones sociales", "conocemos su excelente discurso en el sínodo el año
pasado y sus luchas en favor de los pobres"... (Granma Diario, Internet, La Habana,
25 Nov. 1998). Pero V.E. ganará, en amplia compensación, el reconocimiento del pueblo
cubano y de todos los amantes de la libertad de Cuba.
10. De vuestros labios y de vuestra pluma depende que, en las puertas del
nuevo milenio, Cuba pase a formar parte de una "América, tierra de Cristo y de
María", según expresión de S.S. Juan Pablo II durante su reciente visita a
México; o continúe siendo la tierra de Marx, de Lenin y de "teólogos de la
liberación" que, en la isla cárcel, se metamorfosean en "teólogos de la
colaboración".
11. Excelentísimo Señor Arzobispo, la Iglesia nunca fue, la Iglesia no
es, la Iglesia jamás será una cárcel para las conciencias de sus hijos. Por ello, tengo
la certeza de que Vuestra Excelencia sabrá comprender este respetuoso clamor de un fiel
católico cubano que, en las mazmorras castristas, imploró a la Virgen de la Caridad del
Cobre la gracia de rechazar -aún al precio de la propia vida- hasta la más mínima forma
de aceptación de la nefasta revolución cubana y el más mínimo acercamiento con el
régimen, basado en la enseñanza tradicional de la Iglesia que condena al comunismo como
"intrínsecamente perverso" y considera "inadmisible la colaboración con
él en cualquier terreno" (Pio XI, Divini Redemptoris).
Que la Patrona de Cuba, con el auxilio de S. Antonio María Claret,
Arzobispo de Santiago de Cuba, ilumine a Vuestras Excelencias durante las trascendentales
deliberaciones de La Habana.
Armando F. Valladares, poeta y ex-preso político cubano, fue embajador de
los Estados Unidos ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU en las administraciones
de los presidentes Ronald Reagan y George Bush.
Relacionado:
1999: La
Causa de la Libertad de Cuba y el Destierro Cubano en la Mayor Encrucijada de su Historia
Es de la máxima urgencia que todo cubano
desterrado se adhiera al documento enviando un mensaje al CELAM.
Sugerencia de texto copie e incluya en el
cuerpo del e-mail:
Presidente del CELAM,
Excelentísimo Monseñor Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga, S.D.B., Arzobispo de
Tegucigalpa, Honduras; Primer Vicepresidente del CELAM, Dom Luciano Pedro Mendes de
Almeida, S.J., Arzobispo de Mariana, Brasil; Segundo Vicepresidente del CELAM,
Excelentísimo Señor Cardenal Jaime Lucas Ortega y Alamino, Arzobispo de San Cristóbal
de la Habana, Cuba; Secretario General del CELAM, Excelentísimo Monseñor Jorge Enrique
Jiménez Carvajal, C.J.M., Obispo de Zipaquirá, Colombia; Secretario Adjunto del CELAM,
Ilmo. Monseñor Cristián Precht Bañados; Press Release; Pontificio Consejo para América
Latina, Ciudad del Vaticano:
Sí, junto con mi familia adhiero de corazón a la carta del
ex preso político Armando Valladares dirigida al Sr. Presidente del CELAM, bajo el
título "Excelencias, ¡quiebren el embargo interno contra el pueblo cubano!",
publicada en el Diario Las Américas del domingo 31 de enero de 1999, Fiesta de San Juan
Bosco.
Atentamente:
Es indispensable incluir Nombre Completo,
teléfono/e-mail, Ciudad, Estado, País
e-mails donde enviar:
oscar@globalnet.hn;celam@celam.org;cnbb@cnbb.org.br;cocc@brigadoon.com;
general@celam.org;adjunto@celam.org;press_release@writeme.com;pcal@latinamer.va
Estimado amigo, NO DEJE PARA MAÑANA LO QUE PUEDA HACER HOY,
dice el sabio refrán. No hay un minuto que perder.
¡Difunda este mensaje entre sus amigos, desterrados cubanos y amantes de la causa de
la libertad de Cuba, en todo el mundo!
¡Muchas
gracias por su apoyo! |