| ¡Beatisimo Padre! En nombre de la arquidiócesis de Santiago de Cuba y de todos los
hombres de buena voluntad de estas provincias orientales, le doy la mas cordial
bienvenida.
Esta, es una tierra indómita y hospitalaria, cuna de
libertad y hogar de corazón abierto. Lo recibimos como a un padre en esta tierra, que
custodia con entrañas de dignidad y raíces de cubanía la campana de la Demajagua y la
bendita imagen de La Virgen de la Caridad del Cobre. (aplausos)
El calor de Oriente, el alma indomable de
Santiago y el amor filial de los católicos de esta diócesis primada proclaman bendito el
que viene en nombre del Señor.
Quiero presentarle Santo Padre, a este pueblo que me ha
sido confiado, quiero que su Santidad conozca nuestros logros en educación, salud,
deportes, nuestras grandes potencialidades y virtudes, los anhelos y las angustias de esta
porción del pueblo cubano.
Santidad, este es un pueblo noble y es también un pueblo
que sufre, este es un pueblo que tiene la riqueza de la alegría y la pobreza material que
lo entristece y agobia casi hasta no dejarlo ver mas allá de la inmediata subsistencia.
Este es un pueblo que tiene vocación de universalidad y
es hacedor de puentes de vecindad, pero cada vez está mas bloqueado por intereses
foráneos y padece una cultura del egoísmo debido a la dura crisis económica y moral que
sufrimos.
Nuestro pueblo es respetuoso de la autoridad y le gusta
el orden pero necesita aprender a desmitificar los falsos mesianismos. (aplausos)
Este es un pueblo que ha luchado largos siglos por la
justicia social, y ahora se encuentra la final de una de esas etapas, buscando otra vez
cómo superar las desigualdades y la falta de participación.
¡Santo Padre!
Cuba es un pueblo que tiene una entrañable vocación a
la solidaridad, pero a lo largo de su historia ha visto desarticulados o encallados los
espacios de asociación y participación de la sociedad civil. De modo que le presento el
alma de una nación que anhela reconstruir la fraternidad a base de libertad y de
solidaridad. (aplausos)
Quiero que sepa beatisimo Padre que toda Cuba ha
aprendido a mirar en la pequeñez de la imagen de esta virgen bendita que será coronada
hoy por su santidad, que la grandeza no está en las dimensiones de las cosas y las
estructuras, sino en la estatura moral del espíritu humano.
Deseo presentar en esta eucaristía a todos aquellos
cubanos y santiagueros que no encuentran sentido a sus vidas, que no han podido optar y
desarrollar un proyecto de vida por causa de un camino de despersonalización que es fruto
del paternalismo. (aplausos)
Le presento además a un número creciente de cubanos que
han confundido la patria con un partido, la nación, con el proceso histórico (aplausos)
la
nación con el proceso histórico que hemos vivido en las últimas décadas y la cultura
con una ideología.
Son cubanos que al rechazar todo de una vez sin
discernir, se sienten desarraigados rechazan lo de aquí de Cuba y sobrevaloran todo lo
extranjero.(aplausos).
Algunos consideran esta como una de las causas mas
profundas del exilio interno y externo.
¡Santo Padre!
Durante años, este pueblo ha defendido la soberanía de
sus fronteras con verdadera dignidad pero hemos olvidado un tanto que esa independencia
debe brotar de una soberanía de la persona humana que sostiene desde abajo todo proyecto
como nación. (aplausos)
Le presentamos la época gloriosa del Padre Varela del
seminario de San Carlos en la Habana y de San Antonio María Claret aquí en Santiago.
Pero también los años oscuros en que por el desgobierno del patronato la Iglesia fue
diezmada a principios del siglo XIX y así atravesó el umbral de esta centuria tratando
de recuperarse hasta que en la década de los cincuenta encontró su esplendor y cubanía.
Luego, fruto de la confrontación ideológica con el
marxismo-leninismo, estatalmente inducido, volvió a ser empobrecida de medios y agentes
de pastoral pero no
(aplausos, con gente de pie) de emociones del
espíritu como fue el "Encuentro nacional eclesial cubano.
Su santidad encuentra esta isla, en una etapa de
crecimiento y de sufrida credibilidad que brota de la cruz vivida y compartida.
Algunos, quizás, puedan confundir este despertar
religioso con un culto fetista o con una falsa paz interior que escapa del compromiso.
Hay otra realidad que debo presentarle: La nación vive
aquí y vive en la diáspora, el cubano sufre, vive, espera aquí y también sufre, vive y
espera allá afuera. (aplausos)
Somos un único pueblo que navegando a trancos sobre
todos los mares seguimos buscando la unidad que no será nunca fruto de la uniformidad
sino de un alma común y compartida a partir de la diversidad.
Por esos mares vimos también a esta Virgen, mestiza como
nuestro pueblo. Ella, es la esperanza de todos los cubanos, ella,
(aplausos)
Ella es la madre cuyo manto tiene cobija para todos los cubanos sin distinción de rasas,
credo, opción política o lugar done viva.
La Iglesia en América Latina hizo en pueblo la opción
por los pobres y los mas pobres entre nosotros son aquellos que no tienen el don preciado
de la libertad.(aplausos)
Ore, Santo Padre, por los enfermos, por los presos, por
los ancianos y por los niños. (aplausos)
Santo Padre. Los cubanos suplicamos humildemente a su
santidad que ofrezca sobre el altar junto al cordero inmaculado que se hace para nosotros
pan de vida, todas estas luchas y azares del pueblo cubano, tejiendo sobre la frente de la
Madre del Cielo, esta diadema de realidades, sufrimientos, alegrías y esperanzas, de modo
que al coronar con ella esta imagen de Santa María la Virgen Madre de Nuestro Señor
Jesús Cristo que en Cuba llamamos bajo el incomparable título de nuestra señora de la
Caridad del Cobre, la declare como ¡Reina de la República de Cuba! (prolongados
aplausos)
Así todas las generaciones de cubanos podremos continuar
dirigiéndonos a ella pero con mayor audacia apostólica y serenidad de espíritu con las
bellas estrofas de su himno:
"
Y tu nombre será
nuestro escudo
nuestro amparo, tus gracias
serán
"
¡Bienvenido Juan Pablo Segundo! |