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October, 2001
Englesh

Armando Pérez Roura
GOD
BLESS AMERICA…
Y DIOS SALVE A CUBA
Discurso
leído por Armando Pérez Roura,
Director General de Radio
Mambí y Chairman de Unidad
Cubana, en la gran concentración
de apoyo a los Estados Unidos efectuada
en Miami el sábado 20
de Octubre, 2001
Queridos
hermanos en la libertad y en la esperanza:
Gracias por haber venido. Gracias
a todos, hombres, mujeres, niños y ancianos, por haber respondido a
este llamado de la solidaridad humana y democrática.
Gracias por vuestras voluntades cívicas enhiestas.
Gracias por vuestras banderas innumerables que son como un canto
patriótico de alabanza. Gracias
por vuestras voces de aliento. Gracias
por vuestros rostros sonrientes y vuestras frases de adhesión y de
confianza. Gracias por todo
. ¡Gracias!
Se ha dicho que la indiferencia es el peor vicio de los pueblos y la
conciencia su insuperable virtud. Por
eso estamos todos aquí hoy. Porque
no somos indiferentes. Porque
tenemos una firme conciencia de los que somos, de adonde vamos y de lo
que esperamos de la vida.
Conciencia de que
habitamos en el país más democrático y libre del planeta.
Conciencia de que
esta gran nación, como una madre generosa, nos ha abierto anchamente
las puertas de su morada de paz y prosperidad.
Conciencia de que aquí
hemos rehecho nuestras vidas, hemos criado y educado a nuestros hijos y
hemos tenido la oportunidad a que aspira todo hombre libre, que es la de
aplicar su inteligencia y su esfuerzo en mejorar la sociedad en que le
ha tocado vivir.
Eso hemos hecho siempre en
los Estados Unidos los cubanos desterrados y los latinoamericanos
emigrantes. En tiempos plácidos
y de sosiego, pero también en tiempos turbulentos como son los de la
guerra. Y hoy,
¿quién lo duda?, estamos en guerra.
Por eso estamos aquí, para decir a los Estados Unidos:
¡Presente!
¡Presente!
Para brindarte, país querido, todos los sacrificios que nos
pidas.
¡Presente! Para afrontar los inesperados riesgos bélicos de esta extraña guerra.
¡Presente! Para
decirte que no te merecías el ataque artero del 11 de septiembre.
¡Presente!
Para proclamar ante el mundo, con el vigor del que dice la verdad,
que quien agrede hoy a esta torre de civilización moderna y de paz
creadora que eres tu, Estados Unidos, debe ser declarado enemigo de toda
la humanidad.
Las negras fuerzas que desde
sus escondites convirtieron en proyectiles satánicos naves aéreas
cargadas de inocentes seres humanos, erraron en su estrategia y se
equivocaron en su blanco.
Creían sentar ante el mundo,
en el banquillo de los acusados, a la nación norteamericana.
Y los que están sentados hoy en ese banquillo son ellos.
Creían que el poder económico
y militar de Estados Unidos engendraría celos y desconfianzas y lo
privaría de aliados. Y se equivocaron.
Los que no tienen aliados son ellos.
Creían poder confundir a
las almas comunes transfiriendo a un libro sagrado y a una herencia
religiosa piadosa los sentimientos del odio fanático, la venganza ciega,
y la envidia oscura. Y
se equivocaron. Los que
han quedado fuera del libro y despojados de todo respeto religioso son
ellos.
Creían que la muerte
procrearía la vida y las
diferencias étnicas y religiosas levantarían murallas entre los
hombres y los pueblos. Y se
equivocaron. Ni la persona
más atrasado sería capaz de reiniciar hoy la absurda guerra que
enfrentó una vez en la historia a los hijos de Mahoma con los hijos de
Jesús y de Jehová.
¡No!
¡No ganarán! Ni
ellos, ni sus camaradas de la pólvora y la bomba, salidos de los
seminarios del odio comunista, podrán empujar al siglo XXI por el
angosto sendero del prejuicio, del odio y la violencia que durante las
últimas décadas del siglo que pasó ensangrentaron a medio mundo.
El
hombre actual está curado de extravagancias y de radicalismos falsos.
El
hombre actual conoció los estragos del fascismo y del comunismo.
Y
como el hombre del Renacimiento pasó revista a las furias de las
Cruzadas y renegó de ellas.
El
hombre de hoy ha decidido que nadie podrá volverlo atrás.
Llámese ese hombre Osama Bin Laden,
Sadam Hussein, o Fidel
Castro. Lo que la humanidad
busca y ansía hoy, en Europa y en el Asia Central, en Cuba y en Iraq,
en Colombia y en Afganistán, es una sola cosa:
paz. ¡Paz con
libertad! Porque la otra, la paz de los despotismos, ya no lo aceptan
casi ni las bestias.
¡Por eso estamos aquí hoy!
Cogidos de la mano… ¡Como la fraternidad de hombres libres que
somos! Estamos aquí uniendo nuestras voces hasta hacer de ellas una
sola voz (como la comunidad de raíces hispánicas de donde
venimos). Para decir a esta
nación, y con ella al mundo, que los nuevos verdugos ¡No Pasarán!
¡Podrán derribar torres!
¡Podrán asesinar a millares de inocentes!
¡Podrán vulnerar psicológicamente el alma colectiva
con la inseguridad que todo rumor encierra y que paraliza los
negocios, amarra los aviones al suelo y siembra el miedo en el alma del
padre que lleva su hijo al colegio!
¡Podrán hacer mas todavía!
Podrán convertir el noble
símbolo del mensaje que han sido eternamente las cartas en un
instrumento oscuro, fatal, que muchos no se atreverán a tocar.
Pero el alma de la nación americana, la voluntad histórica de
este pueblo admirable de ser más justo, más próspero y más generoso
cada década, o cada siglo. ¡No
la podrán vencer!
La torpeza no ha vencido nunca a la inteligencia.
La maldad no ha matado nunca para siempre al bien.
El ansia universal del hombre (de todos los colores, de
todas las religiones y de todas las épocas) ansia de ser cada día
superior, de huir de la bestia que lo acecha desde dentro, y de
acercarse a Dios, es una fuerza contra la que nada pueden la pólvora
ardiente o los mortíferos polvos envenenados.
¡Por
eso estamos aquí nosotros hoy! Nosotros,
latinoamericanos todos, que hemos hecho de los Estados Unidos nuestra
segunda y amorosa casa. Y
nosotros, especialmente, los desterrados cubanos, que no dejamos un día
nuestra patria propia por decisión personal sino ante el avance del carro oscuro
de la opresión y del terror. ¡Por
eso estamos aquí! Para
decirle a los Estados Unidos, y a la nación entera en la persona del
presidente George W. Bush, que no tiene que llamarnos con el clarín de
la Guerra. Que ya nos llamó antes el latir de nuestro agradecimiento y
de nuestra nobleza. ¡Estamos
aquí! los cubanos y latinoamericanos de hoy, como estuvieron los cubanos y latinoamericanos de ayer en la Segunda Guerra
Mundial, en las guerras de Corea y de Viet Nam y como estuvimos todos en
primerísima fila en los confusos tiempos de la Guerra Fría en que el
imperio comunista, que se engulló a Cuba, amenazaba también a esta
nación americana.
¡Estamos
aquí! por agradecimiento, sí, pero de modo principal porque la bandera
bajo la cual nos convoca hoy los Estados Unidos es la bandera de la
decencia humana, de la democracia
política, y de la libertad total.
Que simboliza los mismos ideales de nuestra bandera tricolor que
flameaba ayer en Cuba y que flameará mañana libremente sobre aquel
cielo azul y aquellos mares de turquesa.
¡God Bless America!
Si.
¡Que Dios bendiga a América!
Pero que Dios bendiga también a Cuba ultrajada, a Colombia
sangrante, y a Venezuela incierta.
Que Dios proteja igualmente a los pueblos árabes, para que se
libren de la peste de los extremismos que tanto daño les ha hecho y amenaza
seguirles haciendo. Y que
Dios bendiga a todos los países de nuestro continente.
¡Que Dios salve a la atormentada Cuba!
¡Cuba! ¡Esclava
hoy! ¡Pero libre mañana!
¡Libre siempre! Y que Dios nos dé a todos la fortaleza moral y el espíritu
de convivencia que nos permita cerrar el siglo que acabamos de iniciar
no con el odio sino con una corona de justicia y de paz entre las
naciones y los pueblos. ¡God
Bless America! ¡Sí!
¡Dios bendiga a América!
¡América libre ayer! ¡América libre hoy! ¡América libre mañana!
¡América libre siempre!
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